Este pasado fin de semana los medios de todo el mundo se hicieron eco de como el laborista Sadiq Khan fue elegido como alcalde de Londres. Khan, nacido en Londres, es hijo de una familia de inmigrantes paquistaníes. Desde hace años, tiene puestos públicos y es abogado, especializado en derechos humanos. El que Khan sea el primer alcalde musulmán de Londres es especialmente relevante en un entorno mediático concentrado en demonizar a la fé musulmana y en una campaña que se ha concentrado alrededor de llamamientos al miedo y a la segregación.
La historia de Khan, lo que se cuenta de él, es de superación y de lucha: es un laborista clásico en el sentido de que viene de una familia trabajadora y promete, por lo menos en su discurso, tener a la clase trabajadora como prioridad. Tiene una buena narrativa y se enfoca en anécdotas que lo hacen humano, cercano. La más interesante, citada aquí y allá, cómo la primera vez que tuvo que jurar un cargo público tuvo que llevar su Corán (porque sólo había biblias) y cuando quisieron devolvérselo lo regaló: "para los que vengan detrás de mi".
Me parece un pequeño signo de humanidad y optimismo en medio de tantas campañas electorales xenófobas y peor, de todas las noticias alrededor de los refugiados que se centran en aquellos terroristas que han viajado en medio del flujo humano. Concentrándonos en las historias de los puntitos en el arroz parece que olvidamos que la mayoría de la gente que está huyendo no son terroristas y que los terroristas de verdad tienen muchas vías de llegar a donde quieren.
Londres no es la primera gran ciudad europea con un alcalde abiertamente musulmán: Ahmed Aboutaleb, también laborista, es el alcalde de Róterdam desde 2009. Aquí, en mi nueva ciudad, se lo tiene en buena estima. La ciudad funciona, ha crecido durante su mandato y él se prodiga en actos para que se sepa: es el primero en asistir a las reuniones internacionales contra violencia y yo lo he visto en cosas tan disímiles como la fiesta de inauguración de un McDonald's como la celebración del Año Nuevo Chino. En medio de un parque, agradeció a toda la gente de Róterdam su apertura a las diferentes culturas y, siguiendo las instrucciones que le daban, felicitó en chino y "despertó" al dragón del Año Nuevo. Vamos, se arremangó para acercarse a la gente. Sabe construirse una historia. Esperemos que las historias de ambos sean cada vez más positivas a la vista de todos.
No lo digo yo, lo dice Stephen Castle en el NYTimes: la noticia de la elección de Khan está en todas partes del globo (en inglés). Y no muy lejos de ahí, también recomendable este artículo de Sin que sea lo mismo, también vale la pena revisar este artículo de David Samuels sobre cómo se narra la política exterior de Obama.
Para leer en español, Ciudadano Khan, el perfil que escribió Pablo Guimón en El País.
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