Este pasado fin de semana los medios de todo el mundo se hicieron eco de como el laborista Sadiq Khan fue elegido como alcalde de Londres. Khan, nacido en Londres, es hijo de una familia de inmigrantes paquistaníes. Desde hace años, tiene puestos públicos y es abogado, especializado en derechos humanos. El que Khan sea el primer alcalde musulmán de Londres es especialmente relevante en un entorno mediático concentrado en demonizar a la fé musulmana y en una campaña que se ha concentrado alrededor de llamamientos al miedo y a la segregación.
La historia de Khan, lo que se cuenta de él, es de superación y de lucha: es un laborista clásico en el sentido de que viene de una familia trabajadora y promete, por lo menos en su discurso, tener a la clase trabajadora como prioridad. Tiene una buena narrativa y se enfoca en anécdotas que lo hacen humano, cercano. La más interesante, citada aquí y allá, cómo la primera vez que tuvo que jurar un cargo público tuvo que llevar su Corán (porque sólo había biblias) y cuando quisieron devolvérselo lo regaló: "para los que vengan detrás de mi".
Me parece un pequeño signo de humanidad y optimismo en medio de tantas campañas electorales xenófobas y peor, de todas las noticias alrededor de los refugiados que se centran en aquellos terroristas que han viajado en medio del flujo humano. Concentrándonos en las historias de los puntitos en el arroz parece que olvidamos que la mayoría de la gente que está huyendo no son terroristas y que los terroristas de verdad tienen muchas vías de llegar a donde quieren.
Londres no es la primera gran ciudad europea con un alcalde abiertamente musulmán: Ahmed Aboutaleb, también laborista, es el alcalde de Róterdam desde 2009. Aquí, en mi nueva ciudad, se lo tiene en buena estima. La ciudad funciona, ha crecido durante su mandato y él se prodiga en actos para que se sepa: es el primero en asistir a las reuniones internacionales contra violencia y yo lo he visto en cosas tan disímiles como la fiesta de inauguración de un McDonald's como la celebración del Año Nuevo Chino. En medio de un parque, agradeció a toda la gente de Róterdam su apertura a las diferentes culturas y, siguiendo las instrucciones que le daban, felicitó en chino y "despertó" al dragón del Año Nuevo. Vamos, se arremangó para acercarse a la gente. Sabe construirse una historia. Esperemos que las historias de ambos sean cada vez más positivas a la vista de todos.
No lo digo yo, lo dice Stephen Castle en el NYTimes: la noticia de la elección de Khan está en todas partes del globo (en inglés). Y no muy lejos de ahí, también recomendable este artículo de Sin que sea lo mismo, también vale la pena revisar este artículo de David Samuels sobre cómo se narra la política exterior de Obama.
Para leer en español, Ciudadano Khan, el perfil que escribió Pablo Guimón en El País.
Ciudadanear
Análisis político casero: ser ciudadano también es reflexionar, discutir, y deliberar sobre lo que pasa, especialmente cuando tiene que ver con las elecciones.
5.11.2016
5.09.2016
Tres cosas que se le deben a Don Donald (Trump)
Todo parece indicar que Donald Trump será el candidato republicano para la presidencia de Estados Unidos. En medio del caos y de la sorpresa, habrá que reconocer que desde que Ted Cruz dejó la carrera presidencial, se han puesto en evidencia tres cosas:
Uno: los medios de comunicación tienen la posibilidad de convertir en un candidato serio incluso al menos esperable. Durante los últimos seis meses se han acumulado los titulares en favor de Trump, al extremo que ya todo el mundo sabe de él - incluso sus posiciones más extremas. Es una cuestión editorial, también. Qué cosas se ponen en el candelero y qué no. Ahora... ¿y su programa de verdad? Todo está por verse.
Dos: los republicanos ahora necesitarán ponerse de acuerdo. Hay una parte muy importante del ala más conservadora del partido que no se imagina teniendo a un candidato a la presidencia como el empresario e incluso se ha manejado que es complicado que encuentre un buen socio/socia de nominación como vicepresidente. De una forma u otra, la discusión sobre la nominación de Trump ahora es real. Y hay que enfrentarla también para ver qué sucederá con los votos que no irán para con él.
Tres: el hecho de que Cruz dejara la carrera presidencial puede que quite presión, por lo menos parcialmente, a la obviedad de que el sistema de primarias (post anterior) es algo así como una elección de mentiritas. Habrá que ver si los ciudadanos se siguen acordando de esto una vez que se dirima la controversia Clinton/Sanders y si, finalmente, tiene alguna consecuencia a mediano o largo plazo en la reconfiguración del sistema de voto.
No lo digo yo, lo dice Franklin Foer en Slate: Paul Manafort, el operador político de Trump, es un especialista en manejar casos de alto riesgo. Y parece que lo está haciendo tan bien como siempre.
Uno: los medios de comunicación tienen la posibilidad de convertir en un candidato serio incluso al menos esperable. Durante los últimos seis meses se han acumulado los titulares en favor de Trump, al extremo que ya todo el mundo sabe de él - incluso sus posiciones más extremas. Es una cuestión editorial, también. Qué cosas se ponen en el candelero y qué no. Ahora... ¿y su programa de verdad? Todo está por verse.
Dos: los republicanos ahora necesitarán ponerse de acuerdo. Hay una parte muy importante del ala más conservadora del partido que no se imagina teniendo a un candidato a la presidencia como el empresario e incluso se ha manejado que es complicado que encuentre un buen socio/socia de nominación como vicepresidente. De una forma u otra, la discusión sobre la nominación de Trump ahora es real. Y hay que enfrentarla también para ver qué sucederá con los votos que no irán para con él.
Tres: el hecho de que Cruz dejara la carrera presidencial puede que quite presión, por lo menos parcialmente, a la obviedad de que el sistema de primarias (post anterior) es algo así como una elección de mentiritas. Habrá que ver si los ciudadanos se siguen acordando de esto una vez que se dirima la controversia Clinton/Sanders y si, finalmente, tiene alguna consecuencia a mediano o largo plazo en la reconfiguración del sistema de voto.
No lo digo yo, lo dice Franklin Foer en Slate: Paul Manafort, el operador político de Trump, es un especialista en manejar casos de alto riesgo. Y parece que lo está haciendo tan bien como siempre.
4.22.2016
Estados Unidos - las primarias y las decepciones
Hace unos días, escuchaba el podcast Common Sense de Dan Carlin (episodio 304 - Speed Dating for Delegates) haciendo una explicación meridiana de por qué en realidad esta carrera presidencial en Estados Unidos es como ningún otra. Y en parte se debe a las primarias tan discutidas que tienen los dos partidos principales. Y la sensación que tiene la gente de hay algo profundamente mal en el sistema.
Y los gringos no son ni los primeros ni los últimos. En la última década que me he dedicado a mirar de más cerca las elecciones a mi alrededor, he visto a muchas mentes cuestionarse no sólo la democracia representativa en si misma sino las formas que toma la representación. En cada país, en cada situación única, hay razones que dicen que si bien el sistema funciona (o hasta ahora lo hacía), tiene también fallos que a la luz de las redes sociales y las discusiones abiertas se ven más que nunca.
Por ejemplo, el sistema de primarias en Estados Unidos: tengo muchos amigos viviendo ahí y, en concreto, una buena comunidad que son neoyorquinos. Los ví volcarse en las elecciones primarias - llamar a las urnas, a la participación, incluso al voto anticipado. Pero cada vez que le doy más vueltas a las posibilidades de esas votaciones, me da un poco de nervios porque el resultado puede resultar muy decepcionante. Resumen simplista: las primarias en Estados Unidos son en realidad una especie de consulta no vinculante como las que hacen los partidos en España para varias cosas - quiero saber qué dice el votante/simpatizante sobre un tema, sin que esto me obligue a ir hacia allá. En concreto, en EEUU se pregunta sobre quién de los pre-candidatos debería ser el candidato que va a ir a la carrera presidencial para cada partido. Tanto republicanos como demócratas tienen un favorito de una parte del establishment del partido, pero también un segundo que es lo suficientemente fuerte como para atraer muchos votos. Y se hacen cuentas y se explican quién ha ganado más estados, pero la realidad es que el poder de veto de figuras como los super-delegados son los que tendrán la decisión final.
En la muy colorida cobertura de la ya larguísima carrera electoral, uno de los puntos más interesantes para mi fue como los dos hijos de Trump no se habían registrado para votar como republicanos en las primarias de Nueva York - lo que les ganó la burla de muchos medios. Lo cierto es que su voto, fríamente, quizá tampoco era tan relevante: no es posible saber aún qué decidirán los partidos, a pesar de lo que hayan dicho las urnas.
Lo que es dramático es que los hijos Trump muestran claramente una visión de lo que pasa en la democracia americana - si bien es un país que se precia de defender los sistemas democráticos en el mundo, sus características hacen que el ciudadano elija si la gesta electoral es importante para él y tome medidas activas para registrarse, no sólo votar.
Queda mucho más que ver y decir - mientras tanto la carrera sigue, con sus altas y bajas. Pero creo que, como dice Carlin, lo más relevante es que están poniendo de manifiesto los problemas y los retos del sistema en si mismo para resultar realmente representativo.
No lo digo yo, lo dice Tara Setmayer en The Daily Beast la ignorancia y la falta de educación cívica daña, profundamente, a los procesos electorales y al sistema democrático en si, tanto en EEUU como en el resto del mundo.
Y los gringos no son ni los primeros ni los últimos. En la última década que me he dedicado a mirar de más cerca las elecciones a mi alrededor, he visto a muchas mentes cuestionarse no sólo la democracia representativa en si misma sino las formas que toma la representación. En cada país, en cada situación única, hay razones que dicen que si bien el sistema funciona (o hasta ahora lo hacía), tiene también fallos que a la luz de las redes sociales y las discusiones abiertas se ven más que nunca.
Por ejemplo, el sistema de primarias en Estados Unidos: tengo muchos amigos viviendo ahí y, en concreto, una buena comunidad que son neoyorquinos. Los ví volcarse en las elecciones primarias - llamar a las urnas, a la participación, incluso al voto anticipado. Pero cada vez que le doy más vueltas a las posibilidades de esas votaciones, me da un poco de nervios porque el resultado puede resultar muy decepcionante. Resumen simplista: las primarias en Estados Unidos son en realidad una especie de consulta no vinculante como las que hacen los partidos en España para varias cosas - quiero saber qué dice el votante/simpatizante sobre un tema, sin que esto me obligue a ir hacia allá. En concreto, en EEUU se pregunta sobre quién de los pre-candidatos debería ser el candidato que va a ir a la carrera presidencial para cada partido. Tanto republicanos como demócratas tienen un favorito de una parte del establishment del partido, pero también un segundo que es lo suficientemente fuerte como para atraer muchos votos. Y se hacen cuentas y se explican quién ha ganado más estados, pero la realidad es que el poder de veto de figuras como los super-delegados son los que tendrán la decisión final.
En la muy colorida cobertura de la ya larguísima carrera electoral, uno de los puntos más interesantes para mi fue como los dos hijos de Trump no se habían registrado para votar como republicanos en las primarias de Nueva York - lo que les ganó la burla de muchos medios. Lo cierto es que su voto, fríamente, quizá tampoco era tan relevante: no es posible saber aún qué decidirán los partidos, a pesar de lo que hayan dicho las urnas.
Lo que es dramático es que los hijos Trump muestran claramente una visión de lo que pasa en la democracia americana - si bien es un país que se precia de defender los sistemas democráticos en el mundo, sus características hacen que el ciudadano elija si la gesta electoral es importante para él y tome medidas activas para registrarse, no sólo votar.
Queda mucho más que ver y decir - mientras tanto la carrera sigue, con sus altas y bajas. Pero creo que, como dice Carlin, lo más relevante es que están poniendo de manifiesto los problemas y los retos del sistema en si mismo para resultar realmente representativo.
No lo digo yo, lo dice Tara Setmayer en The Daily Beast la ignorancia y la falta de educación cívica daña, profundamente, a los procesos electorales y al sistema democrático en si, tanto en EEUU como en el resto del mundo.
4.19.2016
Dilma, Dios y los otros Demonios
Pasó el fin de semana de locura en las calles y ahora los brasileños y el resto del mundo observamos cómo el juicio de desafuero o impeachment a la presidenta Dilma Rousseff toma su curso. No del todo de forma inesperada, pero la presidenta perdió una votación que ahora la deja en las manos del Senado para determinar si es o no juzgada por malversación de fondos y además (en conjunto) separada del cargo de presidenta.
Y otra vez, las formas y los fondos de los procesos democráticos. En una especie de gran comparecencia que hacia el final más bien parecía un circo, los diputados brasileños se dieron vuelo el fin de semana esgrimiendo sus "razones" para quitarle a la presidenta la inmunidad para que sea juzgada por maniobras financieras.
Los que están en contra dicen que se trata de un golpe de Estado maquillado en esa jovencísima democracia (apenas alcanza los treinta años). Los que están a favor argumentan que es una clara muestra de que la sociedad está harta de corrupción y de que es necesario castigar a los poderosos que ejercen exceso de poder. Y sin embargo... quienes pueden tomar el poder después de Dilma podrían enfrentar los mismos cargos. Quienes esgrimieron sus razones para que comenzara el proceso se olvidaron de las razones financieras y de corrupción - esgrimieron más bien a dios, a su familia, y hasta algunos militares de mala fama durante la dictadura para exigir el desafuero de la presidenta.
La sorpresa - o no - que vivieron los brasileños ayer lunes es que la demostración de poder de la oposición en la Cámara, en la que mostraron sus verdaderos colores, no cambió nada. A pesar de las votaciones, en el día a día, la difícil situación económica sigue siendo la misma. Y la realidad es que ni adentro ni afuera del país se cree que un cambio de cabeza vaya a modificar sustancialmente la situación financiera que vive Brasil. Y sin embargo, acabamos de ver la forma más clara en cómo las herramientas democráticas, las instituciones, se pueden utilizar para debilitar a la democracia: porque aunque la presidenta Rousseff haya llegado a niveles bajísimos de popularidad (el 8%), el juicio de impeachment no es una elección. El pueblo brasileño, de facto, no ha elegido a ningún otro gobernante - y probablemente tengan que vivir bajo sus directivas. Remember House of Cards? Pues eso.
En la misma línea, y mirando hacia México, encuentro muy interesante la propuesta de mi diputado independiente favorito, Pedro Kumamoto, para eliminar totalmente el fuero. La encuentro interesante justamente porque, en teoría, es una ventaja al aumentar la enjuiciabilidad (me invento el término) de los cargos electos. Y sin embargo, como en el caso de Rousseff, la ausencia de fuero limitaría enormemente la posibilidad que tienen los gobernantes para hacer movimientos económicos para cambiar las situaciones de economía interna. Siendo así, ¿a quién encomendarse? ¿A Dilma, a Dios o a los otros Demonios?
No lo digo yo, lo dice el New York Times (Andrew Jacobs) hay mucha más de una sola forma de ver a la situación a partir del impeachment. Y no parece muy buena.
Y otra vez, las formas y los fondos de los procesos democráticos. En una especie de gran comparecencia que hacia el final más bien parecía un circo, los diputados brasileños se dieron vuelo el fin de semana esgrimiendo sus "razones" para quitarle a la presidenta la inmunidad para que sea juzgada por maniobras financieras.
Los que están en contra dicen que se trata de un golpe de Estado maquillado en esa jovencísima democracia (apenas alcanza los treinta años). Los que están a favor argumentan que es una clara muestra de que la sociedad está harta de corrupción y de que es necesario castigar a los poderosos que ejercen exceso de poder. Y sin embargo... quienes pueden tomar el poder después de Dilma podrían enfrentar los mismos cargos. Quienes esgrimieron sus razones para que comenzara el proceso se olvidaron de las razones financieras y de corrupción - esgrimieron más bien a dios, a su familia, y hasta algunos militares de mala fama durante la dictadura para exigir el desafuero de la presidenta.
La sorpresa - o no - que vivieron los brasileños ayer lunes es que la demostración de poder de la oposición en la Cámara, en la que mostraron sus verdaderos colores, no cambió nada. A pesar de las votaciones, en el día a día, la difícil situación económica sigue siendo la misma. Y la realidad es que ni adentro ni afuera del país se cree que un cambio de cabeza vaya a modificar sustancialmente la situación financiera que vive Brasil. Y sin embargo, acabamos de ver la forma más clara en cómo las herramientas democráticas, las instituciones, se pueden utilizar para debilitar a la democracia: porque aunque la presidenta Rousseff haya llegado a niveles bajísimos de popularidad (el 8%), el juicio de impeachment no es una elección. El pueblo brasileño, de facto, no ha elegido a ningún otro gobernante - y probablemente tengan que vivir bajo sus directivas. Remember House of Cards? Pues eso.
En la misma línea, y mirando hacia México, encuentro muy interesante la propuesta de mi diputado independiente favorito, Pedro Kumamoto, para eliminar totalmente el fuero. La encuentro interesante justamente porque, en teoría, es una ventaja al aumentar la enjuiciabilidad (me invento el término) de los cargos electos. Y sin embargo, como en el caso de Rousseff, la ausencia de fuero limitaría enormemente la posibilidad que tienen los gobernantes para hacer movimientos económicos para cambiar las situaciones de economía interna. Siendo así, ¿a quién encomendarse? ¿A Dilma, a Dios o a los otros Demonios?
No lo digo yo, lo dice el New York Times (Andrew Jacobs) hay mucha más de una sola forma de ver a la situación a partir del impeachment. Y no parece muy buena.
4.18.2016
Verdades, peritos, refugiados y miseria humana
Una de la cosa que es muy interesante del caso de los 43 normalistas desaparecidos en Guerrero es lo indeleble de su imagen. Le pasa un poco lo que a los refugiados con el pequeño Alan Kurdi, ahogado en una playa de Turquía. Todos los días cientos de refugiados intentan llegar a Europa y algunos de ellos mueren o son maltratados aún... a pesar de que la imagen de Alan haya dado la vuelta al mundo. Igualmente, en México siguen a la orden del día las desapariciones y las muertes, pero las 43 fotografías de esos estudiantes se han grabado en fuego en la memoria colectiva de todos.
Porque al final de cuentas, los 43 (como los papeles de Panamá) son un símbolo: un símbolo de decadencia moral, de falta a la verdad, a la justicia. El gobierno mexicano ha hecho - y sigue haciendo - un ridículo internacional intentando llegar hasta el fin del caso (como si fueran CSI) pero sin quererlo de verdad. ¿Cómo si no es posible que peritos internacionales se vean involucrados en algo que algunos funcionarios insisten en llamar verdad histórica cuando no hay pruebas concluyentes y llaman conclusivos a reportes que no parecen serlo?. El dar un carpetazo argumentando que los chicos fueron incinerados al final, tampoco soluciona nada: hayan sido o no incinerados habría que encontrarlos y además encontrar y procesar a los culpables de que ello sucediera.
Pero parece que lo importante fuera probar la verdad histórica de que los chicos fueron quemados. Como si lo importante fuese probar de dónde están llegando los refugiados y en función de su lugar de origen enviarlos de regreso. No hay verdades, peritos ni pasaportes que curen la miseria humana. Y eso a veces se nos olvida.
No lo digo yo, lo dice Amnistía Internacional en una nota de La Jornada - los peritajes oficiales no aportan nada nuevo a la investigación, sólo ahondar en el sufrimiento de las familias.
Porque al final de cuentas, los 43 (como los papeles de Panamá) son un símbolo: un símbolo de decadencia moral, de falta a la verdad, a la justicia. El gobierno mexicano ha hecho - y sigue haciendo - un ridículo internacional intentando llegar hasta el fin del caso (como si fueran CSI) pero sin quererlo de verdad. ¿Cómo si no es posible que peritos internacionales se vean involucrados en algo que algunos funcionarios insisten en llamar verdad histórica cuando no hay pruebas concluyentes y llaman conclusivos a reportes que no parecen serlo?. El dar un carpetazo argumentando que los chicos fueron incinerados al final, tampoco soluciona nada: hayan sido o no incinerados habría que encontrarlos y además encontrar y procesar a los culpables de que ello sucediera.
Pero parece que lo importante fuera probar la verdad histórica de que los chicos fueron quemados. Como si lo importante fuese probar de dónde están llegando los refugiados y en función de su lugar de origen enviarlos de regreso. No hay verdades, peritos ni pasaportes que curen la miseria humana. Y eso a veces se nos olvida.
No lo digo yo, lo dice Amnistía Internacional en una nota de La Jornada - los peritajes oficiales no aportan nada nuevo a la investigación, sólo ahondar en el sufrimiento de las familias.
4.17.2016
Podemos: preguntas con truco
Hace un par de semanas mi casa (y luego este blog) fueron un escenario donde se discutió la pertinencia de los referéndums (¿referenda?) y las consultas populares. Mi holandés, que es un convencido de la democracia representativa (no considerándola perfecta, sino lo que hay y funciona) me argumentaba que para él hacer consultas al tanteo con toda la gente no es la manera más fácil de llegar a una opinión pública, sino de inclinar la opinión hacia algún lado dentro de una campaña para conseguir algo más.
En unas horas, Podemos anunciará cuál es el resultado de la consulta que hicieron entre sus simpatizantes al respecto de... digamos que de la formación de gobierno, esa cosa tan complicada que también ya había discutido la semana pasada en este blog. Según las noticias, han superado todos sus récords de participación en consultas previas, después de una campaña bastante intensiva para lograr la participación de las bases - misma que, en el supuesto, dará validez a los últimos movimientos que se hagan frente a la última oportunidad de formar gobierno en España antes de llamar a otras elecciones.
Y yo, malapersona, a lo que me gustaría llamar la atención es a la forma. A la consulta o más bien las consultas que se hicieron: así, en plural. A diferencia de mi socio, a mi me gusta mucho (teóricamente y también en la aplicación) que a la gente se le consulte y se le invite a votar. Me gustan las oportunidades para hacer pedagogía de la política. Y sin embargo, con la consulta Podemista me quedo en lo mismo que me pasó con la consulta del 9-N en Cataluña: ¿por qué no preguntas lo que hay que responder?
Hasta donde yo entiendo, la consulta debería de ser si los votantes de Podemos están de acuerdo o no que se negocie con el PSOE y Ciudadanos. Incluso, la consulta podría ser si pueden en lo absoluto entrar en un diálogo con estos dos partidos. También podría ser si los votantes apoyarían un gobierno de coalición bajo el liderazgo de Pedro Sánchez con intervención de Podemos (aunque sea "en lo estético"). Y sin embargo, en lugar de hacer una pregunta que sea lo más contundente posible se hacen dos... que no sé muy bien a dónde llevan.
Ante las preguntas
Mis simpatías naturales están con las formaciones que buscan una política transparente y nueva, que ayude a España a mejorar el estado de pasmo en el que se encuentra el país. Y es justamente por eso que me molesta el juego dialéctico de somos lo que no somos: si se hace una consulta, debería ser para tomar en cuenta realmente la opinión de los votantes, no como una acción de maquillaje. Como en mi cabeza cortita no veo cómo estas preguntas llevan a una toma de acción, me parece que la consulta es más bien un acto de campaña. Y eso, creo yo, es lo mismo que un examen lleno de preguntas trucadas del profesor que quiere dar una lección a los alumnos que no están de acuerdo en exactamente lo que él quiere decir.
No lo digo yo, lo dice Alistair Dawber del Financial Times (en inglés) - la percepción general es que las divisiones que han habido en Podemos a partir de la necesidad de formar gobierno lastiman las posibilidades electorales de cara a una posible nueva cita en junio.
En unas horas, Podemos anunciará cuál es el resultado de la consulta que hicieron entre sus simpatizantes al respecto de... digamos que de la formación de gobierno, esa cosa tan complicada que también ya había discutido la semana pasada en este blog. Según las noticias, han superado todos sus récords de participación en consultas previas, después de una campaña bastante intensiva para lograr la participación de las bases - misma que, en el supuesto, dará validez a los últimos movimientos que se hagan frente a la última oportunidad de formar gobierno en España antes de llamar a otras elecciones.
Y yo, malapersona, a lo que me gustaría llamar la atención es a la forma. A la consulta o más bien las consultas que se hicieron: así, en plural. A diferencia de mi socio, a mi me gusta mucho (teóricamente y también en la aplicación) que a la gente se le consulte y se le invite a votar. Me gustan las oportunidades para hacer pedagogía de la política. Y sin embargo, con la consulta Podemista me quedo en lo mismo que me pasó con la consulta del 9-N en Cataluña: ¿por qué no preguntas lo que hay que responder?
Hasta donde yo entiendo, la consulta debería de ser si los votantes de Podemos están de acuerdo o no que se negocie con el PSOE y Ciudadanos. Incluso, la consulta podría ser si pueden en lo absoluto entrar en un diálogo con estos dos partidos. También podría ser si los votantes apoyarían un gobierno de coalición bajo el liderazgo de Pedro Sánchez con intervención de Podemos (aunque sea "en lo estético"). Y sin embargo, en lugar de hacer una pregunta que sea lo más contundente posible se hacen dos... que no sé muy bien a dónde llevan.
Ante las preguntas
me surgen una serie de dudas encadenadas a qué se va a utilizar esta consulta. Porque, en definitiva, lo que parece que se está consultando no es si pactar o no pactar: las preguntas dan por hecho por un lado que se acabaron las negociaciones (la única posibilidad es el pacto que ya existe entre los equipos del PSOE y Ciudadanos) y, por otro, que Podemos, En Comú y En Marea tienen una propuesta de gobierno de cambio que es única y que defenderían en... ¿unas posibles elecciones?¿Quieres un gobierno basado en el pacto Rivera-Sánchez?¿Estás de acuerdo con la propuesta de gobierno de cambio que defienden Podemos, En Comú y En Marea?
Mis simpatías naturales están con las formaciones que buscan una política transparente y nueva, que ayude a España a mejorar el estado de pasmo en el que se encuentra el país. Y es justamente por eso que me molesta el juego dialéctico de somos lo que no somos: si se hace una consulta, debería ser para tomar en cuenta realmente la opinión de los votantes, no como una acción de maquillaje. Como en mi cabeza cortita no veo cómo estas preguntas llevan a una toma de acción, me parece que la consulta es más bien un acto de campaña. Y eso, creo yo, es lo mismo que un examen lleno de preguntas trucadas del profesor que quiere dar una lección a los alumnos que no están de acuerdo en exactamente lo que él quiere decir.
No lo digo yo, lo dice Alistair Dawber del Financial Times (en inglés) - la percepción general es que las divisiones que han habido en Podemos a partir de la necesidad de formar gobierno lastiman las posibilidades electorales de cara a una posible nueva cita en junio.
4.13.2016
Keiko y los misterios familiares
Esta mañana, al abrir el resumen de noticias en holandés - intento aprender a leer aunque sea los titulares - me sorprendió uno que decía: "Migranten kid wordt president Peru", con Keiko Fujimori en la fotografía. La noticia discutía cómo dos hijos de inmigrantes - Keiko Fujimori y Pedro Kuczynski - son los candidatos más fuertes a la presidencia en ese país. La noticia se titula así porque en una Europa preocupada por la llegada de cientos de refugiados y con la tensión sobre la multiculturalidad al orden del día, parece casi imposible pensar en un país donde sus dos candidatos sean de esos outsiders.
Para los latinoamericanos, sin embargo, uno de los puntos más interesantes de la elección del domingo es que Fujimori haya encabezado las votaciones. En el caso de un sistema como el de España o México, sin segundas vueltas, ya estaría casi al borde de ser jefe del estado. Esto llama la atención por varias razones: quizá la más importante esté en la siguiente imagen publicada por Pictoline (@pictoline) - es un misterio familiar. Parece que los humanos de algunos países no acabamos de saber por quién votamos... o nos gustan las cosas familiares aunque sepamos que no son las mejores.
Hace un par de semanas vinieron a comer a casa los amigos de unos amigos y ella me dijo, muy seria, que el problema de México es que el sistema electoral está tan podrido que pueden hacer ganar a quien quiera. Me contó cómo le parece que el país se está cayendo a pedazos por alguien cocinó las elecciones para que Peña Nieto las ganara. Me miró con profunda desaprobación cuando le dije que yo no compartía su visión: que estaba segura de que había mucha gente que efectivamente votó por Peña Nieto por aquello del más vale conocido...
Tengo mis mejores esperanzas para Perú: hace unos años tuve la oportunidad de ir a trabajar ahí unos días y me encantó su gente, su comida deliciosa (yummm) y el cielo gris-panza-de-burro de Lima. Ahí vivía Walter, un amigo querido que estaba convencido de que muchas cosas aún podían cambiar en su país. Pero el cambio suele doler y por eso se vuelve a lo que ya estaba... olvidadizos cómo somos de lo que pasó antes.
La imagen para mí más poderosa de la campaña en Perú fue la marcha de cientos de mujeres que se concentraron en Lima gritando "somos las hijas de las mujeres que no pudiste esterilizar", recordando así una campaña de esterilizaciones obligatorias que se llevó a cabo durante el gobierno del otro Fujimori, el que está en la cárcel. Pero aún así, siguen los misterios electorales.
No lo digo yo, lo dice El País: y en esta nota explica cómo se plantea la segunda vuelta para las elecciones peruanas a la presidencia.
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