4.19.2016

Dilma, Dios y los otros Demonios

Pasó el fin de semana de locura en las calles y ahora los brasileños y el resto del mundo observamos cómo el juicio de desafuero o impeachment a la presidenta Dilma Rousseff toma su curso. No del todo de forma inesperada, pero la presidenta perdió una votación que ahora la deja en las manos del Senado para determinar si es o no juzgada por malversación de fondos y además (en conjunto) separada del cargo de presidenta.
Y otra vez, las formas y los fondos de los procesos democráticos. En una especie de gran comparecencia que hacia el final más bien parecía un circo, los diputados brasileños se dieron vuelo el fin de semana esgrimiendo sus "razones" para quitarle a la presidenta la inmunidad para que sea juzgada por maniobras financieras.
Los que están en contra dicen que se trata de un golpe de Estado maquillado en esa jovencísima democracia (apenas alcanza los treinta años). Los que están a favor argumentan que es una clara muestra de que la sociedad está harta de corrupción y de que es necesario castigar a los poderosos que ejercen exceso de poder. Y sin embargo... quienes pueden tomar el poder después de Dilma podrían enfrentar los mismos cargos. Quienes esgrimieron sus razones para que comenzara el proceso se olvidaron de las razones financieras y de corrupción - esgrimieron más bien a dios, a su familia, y hasta algunos militares de mala fama durante la dictadura para exigir el desafuero de la presidenta.
La sorpresa - o no - que vivieron los brasileños ayer lunes es que la demostración de poder de la oposición en la Cámara, en la que mostraron sus verdaderos colores, no cambió nada. A pesar de las votaciones, en el día a día, la difícil situación económica sigue siendo la misma. Y la realidad es que ni adentro ni afuera del país se cree que un cambio de cabeza vaya a modificar sustancialmente la situación financiera que vive Brasil. Y sin embargo, acabamos de ver la forma más clara en cómo las herramientas democráticas, las instituciones, se pueden utilizar para debilitar a la democracia: porque aunque la presidenta Rousseff haya llegado a niveles bajísimos de popularidad (el 8%), el juicio de impeachment no es una elección. El pueblo brasileño, de facto, no ha elegido a ningún otro gobernante - y probablemente tengan que vivir bajo sus directivas. Remember House of Cards? Pues eso.
En la misma línea, y mirando hacia México, encuentro muy interesante la propuesta de mi diputado independiente favorito, Pedro Kumamoto, para eliminar totalmente el fuero. La encuentro interesante justamente porque, en teoría, es una ventaja al aumentar la enjuiciabilidad (me invento el término) de los cargos electos. Y sin embargo, como en el caso de Rousseff, la ausencia de fuero limitaría enormemente la posibilidad que tienen los gobernantes para hacer movimientos económicos para cambiar las situaciones de economía interna. Siendo así, ¿a quién encomendarse? ¿A Dilma, a Dios o a los otros Demonios?

No lo digo yo, lo dice el New York Times (Andrew Jacobs) hay mucha más de una sola forma de ver a la situación a partir del impeachment. Y no parece muy buena.

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